lunes, 31 de octubre de 2011

"El acecho"


Salí de noche. No acostumbraba a hacerlo, pero la circunstancia lo impuso: necesitaba depositar los residuos en el contenedor de la calle. El hedor había saturado gran parte del aire de la cocina y la falta de oxígeno denunciaba el colapso.
Al salir, algo extraño pareció rondar en la atmósfera de la cuadra. No circulaba gente, como de costumbre. No obstante, algo que no pude definir en el momento parecía deambular, provocando la sensación de existencia. Algo... un cuerpo, un movimiento, un susurro... algo trascendente había allí...
La distancia entre la puerta de mi casa y el contenedor era de alrededor de cincuenta metros. Inquieto por esa presencia indefinible comencé a recorrerlos con sigilo.
La penumbra de la noche, incrementada por la tenue luz mortecina del alumbrado público, permitía escasamente el traslado autónomo. Indudablemente, era una noche fría y, sin advertirlo antes de salir de la casa, me encontraba recorriendo la calle con una evidente escasez de abrigo.
Un ruido detrás de mí se produjo entonces... "¡Sí, algo se movió detrás de mí...!". Un repentino miedo se apoderó de mis sentidos y, sin advertirlo, me encontraba mirando hacia atrás, intentando descifrar ese algo que había "aparecido".
Nada. No podía divisar nada.
Decidí apurar el paso. De poco serviría demorar mi cometido con una búsqueda infructuosa y después de todo, cuanto antes pudiera regresar a mi casa, tanto antes me desharía de ese mal momento...
Tras caminar algunos pasos, esta vez sí, pude oír con ineludible claridad el fugaz movimiento de algo... Un zumbido como ¡Zzzzzz! se deslizó detrás de mí, y súbitamente me escuché gritar: "¡Hey, ¿quién anda ahí?!". Mientras giraba con virulencia hacia atrás, me encontré ubicando la bolsa de residuos a la altura de mi pecho, pretendiendo amortiguar de esa forma un inevitable golpe proveniente de eso. Tal era la certeza de la presencia de un agresor dispuesto a atacarme por mi espalda. Giré mi cabeza a un lado y a otro, buscando desesperadamente el encuentro visual con mi agazapado atacante. Nada. No veía nada a través de esa oscuridad implacable. Pensé que de nada me servirían ya mi ojos.
Retrocedí lentamente, a la vez que balanceaba mi brazo izquierdo hacia ambos lados en la oscuridad y sostenía con el derecho la bolsa de residuos a la altura de mis hombros, protegiendo mi rostro de un eventual golpe certero. El inconfundible olor ácido de la basura avanzaba sobre mis ropas, toda vez que las gotas que derramaba descendían primero a través de mi camisa y luego por mis pantalones, hasta mis zapatos.
Pensé en abandonar mi cometido y regresar corriendo a mi casa, pero supuse que sería peor aun ofrecerle a mi despiadado agresor la oportunidad de entrar a mi casa empujándome hacia adentro, una vez que abriese la puerta. Por lo visto, estaba decidido a atacarme y no se detendría hasta lograr su propósito.
¿Qué hacer, entonces? ¿Cómo haría para volver a introducirme dentro mi casa?
Nuevamente un ¡Zzzzzz! atravesó mi espalda, casi rozándome la nuca. El maldito había logrado dar toda la vuelta y ubicarse detrás de mí sin que yo hubiera podido detectarlo.
Hinché mis pulmones con todo el aire que pude contener y giré sobre mi eje con el brazo derecho hacia adelante, de tal manera de asestarle un duro golpe y así poder escapar. No sólo no pude lograr dar con su cuerpo, sino que tropecé y caí sobre el contenedor, golpeándome la mano contra el marco de la tapa. Decidí abrirla rápidamente y desembarazarme del bulto, que de nada había servido para protegerme. Al hacerlo, me dí cuenta que me había dislocado la muñeca porque no lograba dominar el movimiento de mi mano y sentía un dolor muy agudo.
Tomé la tapa con la mano izquierda y arrojé la bolsa adentro del contenedor.
Ni bien lo hube hecho, nuevamente el ¡Zzzzzz! sopló detrás de mis orejas y el impulso de mi desesperación me proyectó hacia adelante, causando que presionase uno de los lados del contenedor, provocando que éste se ladeara y se volcara hacia mí, tragándome dentro de sí como un hipopótamo insaciable, dispuesto a engullirlo todo. Tras de mí, el estruendo de la tapa cerrándose me informaba que me encontraba dentro del contenedor, mezclado con sustancias nauseabundas que supuraban un hedor insoportable.
Con todo, encontré en aquel lugar infernal un refugio contra mi agresor. Al cabo de unos instantes comprobé que la calma había regresado y ya no se había vuelto a producir ningún zumbido rasante como los anteriores.
Mi situación era deleznable, pero me encontraba momentáneamente a salvo.
Decidí esperar.
Conté cada segundo como horas, disponiendo de un aire cada vez más escaso y al borde del desmayo, producto del insoportable olor a materia en putrefacción.
De pronto, oí acercarse un vehículo, aparentemente pesado, que avanzaba lentamente sobre el empedrado. Un tirón primero y un movimiento fluido después, me confirmaron que estaba siendo arrastrado junto con toda aquella carga, saltando con cada grieta que se abría entre las piedras.
Intenté incorporarme para presionar la tapa hacia afuera, pero el fondo resbaladizo del contenedor me lo impidió una y otra vez.
En ese instante, todo se detuvo y un fuerte vibrar del motor se hizo oír.
No pasó mucho tiempo para haberme sentido elevándome junto con todos los residuos de mis vecinos...
Por fin, lo último que recuerdo fue haber sentido caer sobre mí cientos de kilos de basura y mezclarme con ellos en el fondo del camión recolector.

"Abbey road"

"¿Cartel de una avenida de Londres o tapa del álbum de Los Beatles?"
Fotografía tomada en Londres, Reino Unido.

lunes, 16 de mayo de 2011

"El ciego azul"



El cuento "El ciego azul" ya fue publicado con anterioridad en este blog. En este caso se trata de una versión en audio y video.

"Acerca de los bombos y las banderas..."

Santiago: "... Fue noticia la posibilidad de que el Gobierno de la Ciudad prohibiera, por motivos de seguridad, la entrada al estadio de bombos y banderas. Esta medida provocó tal agitación popular que se terminó por desistir de la misma. Un síntoma de que el packaging del superclásico superó definitivamente a sus protagonistas..."


Horacio: "Santiago, los bombos y las banderas generan fútbol en Argentina. Es al revés de lo que vos exponés. Será que escribís a la distancia y sólo te queda ver buenas jugadas por TV. Sería interesante que para el próximo "derby" te acerques a Buenos Aires. Quizás te reencuentres con el significado argentino del término "fútbol"."


Pep: "¿¿¿¿¿¿¿Los bombos y las banderas generan fútbol??????? Ahí está entonces el problema. Ese es el fútbol que tenemos, Horacio. Dan más ganas de mirar la tribuna y la gente que el partido, que son uno mas aburrido que el otro. Veo mucha gente en el foro que cree ver un ataque al hincha cuando en realidad lo que el artículo hace es rescatar al hincha como lo único que vale la pena últimamente en el fútbol argentino. Cosa rara. No sé si Santiago leerá estos mensajes pero, por si lo hace, lo felicito."


Horacio: "Pep, Lo digo metafóricamente. La presión y las ansias que bajan desde las tribunas, indudablemente provocan acciones y reacciones en los jugadores durante el partido. Pero también lo hacen durante la semana a entrenadores, dirigentes, periodistas y en fin, todo el mundo del fútbol. La particularidad del fútbol argentino es justamente esa: los bombos y las banderas. No hay (casi) trompetas, ni vuvuzelas. Hay bombos. El bombo es un corazón que palpita más o menos aceleradamente y le manda al resto del cuerpo esa energía. El fútbol argentino es bombo, como lo es la política y la música. Eso sí: el sistema funciona si el espectáculo mejora y no al revés. En eso estamos de acuerdo. Habrá que agregar que vender a Europa a los pibes de 16 años es un suicidio (o homicidio) en el fútbol argentino. ¿Podrá pararse esa sangría?"


Pep: "Ahora estamos de acuerdo, Horacio. Y creo que de eso va el artículo, precisamente. No de que haya que apagar los bombos. Sino de que debe mejorar el fútbol. Que es necesario ver algo un poco mejor de lo que nos ofrece el fútbol de hoy (mucho bombo y poco fútbol). Me parece que Santiago lo describe muy bien. Al menos así es como yo lo interpreto. Con respecto a los juveniles tenés toda la razón del mundo."


Horacio: "Pep, además, nos deleitamos del "buen fútbol" de España o Italia, pero dejamos de lado que están alimentados por lo "mejor" del fútbol argentino. Como dice una publicidad de Direct TV: "las mejores ligas están en Europa, pero los mejores jugadores son argentinos". Los pibes que surgen acá están pensando más en lucirse para lograr el pase a Europa que por generar un juego de conjunto, por y para sus respectivos clubes. Y en eso están todos prendidos: jugadores, dirigentes, periodistas e intermediarios. En el fondo, creo que hay una enorme hipocresía. Admitamos que la globalización ha llegado también al fútbol. Y en este sentido, la tribuna le pone al espectáculo lo que en la cancha se ha vaciado desde las oficinas de los mercaderes."


Pep: "Muy buena la última frase. así es. nada que objetar. Saludos, Horacio."


Horacio: "Saludos, Pep. Un gusto dialogar con vos."

martes, 29 de marzo de 2011

"Proclamas"

 











"La probabilidad del pronóstico"



Canal 8 de televisión, ciudad de Córdoba, Argentina.
El noticiero nocturno presenta a dos conductores. Eso, dije bien. No son periodistas, son conductores. Animadores, para ser más precisos. Son esos dos muñequitos de torta, hombre y mujer, ataviados para la ocasión.
Él, delgado, rasgos finos y poco expresivos o mejor dicho, con una expresividad calculada, uniforme, inalterable. De riguroso saco y corbata. Ella, delgada, bonita, algo menor de estatura que él. Vestuario sobrio, preferentemente en saco y pantalón. Los dos, uniformemente, de saco y pantalón.
Llega la hora ineludible de hablar del pronóstico del tiempo. Él anuncia que, Servicio Meteorológico mediante, habrá probabilidad de lluvias para el día siguiente.
El término  "probabilidad" se impuso como modalidad desde que el referido Servicio Meteorológico ha decidido dejar de atravesar papelones, toda vez que sólo ocasionalmente acertaba en sus pronósticos. Para evitar que al día siguiente toda la población saliera preventivamente de sus casas con paraguas y que al regresar, el odioso artefacto no hubiera hecho más que incordiar, se ha resuelto el compromiso con el uso del término "probabilidad de lluvias". Esta nueva modalidad ha transferido la decisión a cada uno, según considerase qué tan alta o baja es la probabilidad de lluvias, lo cual no hace más que tornar inservible al pronóstico del tiempo, ya que más que un pronóstico es una redundante afirmación que viene a aclarar lo que de por sí es claro: que siempre hay probabilidad de lluvias. O no.
Una suerte de lotería que, como todo juego, tiene su cuota de emoción y divertimento. Eso es: el pronóstico del tiempo ha pasado a ser un divertimento más, en estos tiempos donde el ser humano busca desesperadamente el entretenimiento. Entre-tenerse.
Pero me fui de tema, como tantas veces. Debería vestirme yo también con saco y corbata para circunscribirme sólo a lo que es pertinente pensar y decir. Lo consideraré.
Resulta que estos dos modelos de corrección y calculada simpatía hablaban de la probabilidad de lluvias para el día siguiente. Él acota que tiene una cábala (otro juego-entretenimiento): si lava su auto, entonces seguramente lloverá. "Aguda" observación para el conductor-animador de noticiero -que no es periodista, como ya expliqué-. A lo que ella responde (y continúa con el juego-entretenimiento): "pues entonces no lo laves, así no llueve". Ineludible conclusión para un diálogo ridículo en torno al pretendido pronóstico del tiempo.
Hasta aquí algo absolutamente cotidiano y, como tal, conocido por todos.
Pero hay una salvedad que aún no mencioné: resulta que este año ha sido particularmente crítico en cuanto a la escasez de lluvias en la Provincia de Córdoba, Argentina. Resulta que estos mismos conductores-animadores -no periodistas- han leído en el tele-prompter más veces de lo deseado que hay pueblos enteros que han visto amenazada su provisión de agua, ya que sus ríos se han secado. Y que los diques y embalses registran cotas inferiores a las marcas críticas.
Ella, la conductora-animadora de noticiero vive en la Ciudad de Córdoba, lejos de esos pueblitos donde se lucha -y se reza- día a día por la obtención de agua para la subsistencia.
En la ciudad de Córdoba -como en tantas otras grandes ciudades- la provisión de agua suele ser suficiente, aunque no para hacerse un festín. No obstante, las autoridades han previsto que la dotación de agua no se interrumpa, ya que conviene tener a la población mansa y tranquila, como decía una vieja canción.
Ella, vestida elegantemente, con rigurosos saco y pantalón, prefiere que él no lave el auto, así "empujará" a la probabilidad de lluvias hacia la baja y, de esta forma, se evitará ensuciar sus ropas y lucir así, divina, tanto fuera como dentro del estudio de televisión.
Claro, ella, que es conductora-animadora y no periodista, no se da cuenta de que su esbelta imagen recorre toda la provincia, e incluso provincias vecinas, llegando a cada uno de los pueblitos que las configuran.

FM Astral, Capilla del Monte, Provincia de Córdoba, Argentina.
La única locutora del ciclo de la mañana se las ingenia como todos los días para llegar a su audiencia de la manera más digna posible, con los escasísimos recursos con que cuenta: apenas un micrófono de pésimo registro y un operador que nunca termina de aprender para que sirve cada botoncito de su gastada consola.
La locutora relata una iniciativa producida espontáneamente el día anterior, donde vecinos de la ciudad se reunieron para elevar una plegaria conjunta con el fin de que el Creador conceda la caída de su generosa bendición. Emocionada, la locutora confirma que quizás esta vez sí la oración ha sido escuchada, ya que se espera una cierta probabilidad de lluvias para el día siguiente.
Es de hacer notar que la intención que transmite no connota la "probabilidad" de lluvias en tanto que tal: una simple y vaga expresión de ocurrencia. Por el contrario, ella le da un sentido de obligada certeza, "empujando" por así decir, al cálculo para que supere el 50% y así desencadenar al día siguiente el júbilo de la población, bajo una espesa cortina de fría pero reconfortante y bendita agua.
Ella no le da opción de probabilidad; simplemente encara al Creador y le dice: "mañana, seguramente, harás caer abundante agua".
Ella no teme a que sus humildes ropas lleguen a enlodarse al caminar por las calles de tierra de su pequeña ciudad. Antes bien, ella teme a que pueda llegar un día en que no tenga un vaso de agua para dar de tomar a sus hijos.
Claro, la FM Astral de Capilla del Monte, Provincia de Córdoba, Argentina, sólo tiene un alcance limitado: apenas algunos kilómetros alrededor de la emisora. Apenas un puñado de personas que la escucha y seguramente se identifica con su ruego, que pasa a ser la voz identificatoria de los desesperados.
Lejos en kilómetros -y muy lejos en términos de realidad- se encuentra la Ciudad de Córdoba. Aunque la esbelta conductora-animadora -no periodista- llene con su electrónica presencia cada noche los hogares de todos los cordobeses.
Afortunadamente, se ha puesto en vigencia una nueva Ley de Medios de Comunicación Audiovisual en Argentina. Quizás no estará lejos el día en que cada pueblo pueda sentirse identificado con quien se presenta delante de él a hablar sobre el pronóstico del tiempo.
Y sobre tantos otros pronósticos y realidades.
Mientras tanto, los cordobeses seguirán escuchando cada noche que ella prefiere que él no lave su auto al día siguiente.

sábado, 11 de diciembre de 2010

"Cortar por lo sano"

Tomó un cuchillo y cortó al medio su corazón.
Para su sorpresa, vivió para contarlo. Ni salpicaduras de sangre ni gritos de horror. Una cavidad hueca y seca.
Tan hueca y tan seca que el grito que sí soltó -más por la sorpresa que por el dolor- resonó intensamente en las profundidades, como un alarido que se multiplica en las tinieblas de una cueva húmeda y oscura.
Alcanzó a tomar una silla y sostuvo las dos mitades. Las contempló por un rato, como para terminar de confirmar que se trataba de un corazón -su propio corazón-. Un órgano por el que hacía ya un tiempo prolongado no circulaba sangre.
Entonces, distribuyó cada mitad en la mano que le correspondía: la izquierda, en la mano izquierda; y la derecha, en su opuesta. Y se puso a escuchar el diálogo.
Tal como dos fuerzas antagónicas, las mitades se repartieron responsabilidades. El bien y el mal, así enfrentados, ofrecieron el ridículo espectáculo que sólo el bien y el mal enfrentados, podrían entregar.
El bien adujo que su bien provocó el bien, pero igual no alcanzó para acabar con el mal. El mal, se retorció en su maldad y maldijo no haber acabado con el bien.
Al parecer, el fragor de la intensa batalla hubo de generar tal huracán, que la sangre terminó por secarse dentro del corazón.
Y fue justo entonces cuando él decidió partirlo al medio, a fin de acabar con la lucha entre el bien y el mal dentro de sí.
Ya separados, el bien y el mal perdieron el común terreno de la batalla, reduciéndose cada uno a su esencia: el bien fue todo bien y el mal, mal absoluto.
Pero entonces, tan intensa fue la energía que cada una produjo, que no la soportaron, acabando por generar una implosión en su núcleo, causando la desaparición material de las mitades del otrora único corazón.
Ya sin corazón entero, pero tampoco sin sus dos mitades escindidas, él pudo comenzar a vivir en paz. La antigua batalla no convulsionó más su interior y se dedicó a contemplar la maravilla de la vida.