viernes, 13 de julio de 2012

"Ezeiza"

"Arrivals-Llegadas".
"Delayed-Demorado".¿Cómo puede ser? ¿Para qué vine temprano? ¿Cuánta demora? ¡Una hora! ¡Cuánta gente se acumuló! ¿Por qué viene tanta gente a recibir pasajeros? Pareciera que es un viaje de curiosidad, un mini-turismo.
- "Viejo, ¿puedo ir con vos?"
Parece una cancha de fútbol. Falta que saquen el mate y estamos listos...
¿Dónde me siento? Nooo, imposible. Mejor me quedo parado y trato de ver desde acá. Después de todo, entre que hacen migraciones, les entregan las maletas, los revisan... ¡uf! no menos de dos horas de plantón... ¡Y qué calor! ¿Qué pasa, no anda el aire? Me iría a tomar un café, pero seguro me sacan la cabeza. A ver... ¡¡¡Dieciséis pesos un café!!! ¿Pero con qué lo hacen, con pepitas de oro? Es lo que yo digo: este país está hecho para los ricos. Porque para los laburantes... Encima que no hay laburo, me toca ir a buscar a un turista al aeropuerto y tengo que perderme medio día esperando. Después, cuando le querés cobrar un adicional por demora, piensan que los estás choreando. Así son: todas para ellos. A mí que no me vengan con que el turismo trae plata. ¡Yo no la veo! Pero esta vez se la cobro... ¡y cómo!
- Permiso.
- Sí señora. Cuidado con mi cuerpo, ¿vio? ¡Y, qué quiere que le diga! ¡La última vez que vine acá me pasaron una valija de 25 kilos sobre el juanete y me hicieron ver las estrellas por una semana! Y si... éstas se traen todo de afuera y yo me tengo que comer un pisotón. Yo me pregunto: ¿por qué hay tan pocos asientos en este lugar? Si el salón es grande, ¿qué les cuesta?- Qué tal, caballero. ¿Aguardando a un pasajero?- (Uff!, ¿qué quiere este?)

- Y sí, qué le voy a hacer. Me pierdo medio día esperando, pero por lo menos algo llevo a casa esta noche. Si no, la patrona aúlla y vaya a aguantarla. ¿Vio? Permiso...
A éstos hay que cortarles el chorro antes de que abran el grifo. Te dan charla y te sacan información. Después los ves ofreciendo remise y te hacen la competencia cobrando dos pesos. ¡Yo los conozco!
No, si hay que estar atento a todo acá. ¿O qué te creés, que los que viajan en avión la hicieron todos laburando?
- "Su atención por favor..."- ¡Shhh, silencio que no se escucha nada!
-
"Aeropuertos Argentina 2000 informa que, por motivos técnicos, el sistema de aire acondicionado ha quedado momentáneamente fuera de servicio. Disculpen las molestias ocasionadas".
¿No te digo? No quieren gastar ni en aire acondicionado. Total, los que estamos acá somos los giles, los que esperamos. Los que viajan están un ratito y se van. Vienen del frío... mirá como vienen. Camperas, sobretodos, pulóveres. No sé si se lo dejan puestos para presumir "yo vengo del norte, donde es invierno. Europa, ¿viste?. Allá hace frío." O porque todavía no se dieron cuenta de que llegaron al infierno. ¡Ya van a ver cuando salgan. 45º a la sombra se van a comer!
Hace dos horas que estoy acá. A este le voy a sacar hasta las ganas de viajar. A ver si sale de una vez el fulano.
- ¿Sr. Northland?
- Oh yes, nice to meet you!- Quéee? No, mire, yo no hablo inglés. Apenas si balbuceo el castellano...
- Oh, castillano, perdón, mi no hablar.
- ¡No te digo, a mí me tocan todas! ¿Adónde viaja? La dirección, sí... A ver qué dice acá... y claro, Guido al 1300, Recoleta! ¡Y sí, éste me va a pagar el plantón!
...
- Llegamos señor, siamo arrivato, si.
- How much is this? Cuánto plata, si.
- Mire, le voy a tener que cobrar la demora y el exceso de equipaje, así que son 300 pesos.
- ¿Cuánto plata, write down, please?

- ¿Qué quiere, que lo escriba? Tres-cien-tos. ¿Clarito?
- Oh yes, jo jo!
-
(Por fin alguien que no sea yo se come el garrón)...
...
- ¿Y Diego, a quién les metiste los billetes falsos que nos encajaron en Ezeiza a la ida?...
- Al remisero... ¿a quién va a ser?
...
- ¿Falsos? ¿Dónde falsos? Pero si me los dio un turista inglés el otro día. ¡No puede ser..! ¡No a mí, de nuevo..!

"Oleaje"

"Las aguas que se encuentran por encima de los cielos".
Fotografía tomada en Puerto Deseado, Provincia de S. Cruz, Argentina.

"Invento argentino"

La fila para esperar al colectivo ya sumaba 12 personas. No era hora pico ni nada por el estilo. Pero era ya tradicional la demora excesiva y todos esperaban resignados su aparición, forzando la capacidad visual tantas cuadras como la interposición de carteles, camiones y árboles lo permitiese.
Algunos descendían a la calle, pretendiendo ir más allá, en un intento por acercarse al ansiado vehículo. Si el colectivo no viene, pues bien podría ir uno hacia él...
Durante la espera, algunos preferían mirar hacia abajo en busca de algún objeto que lo distrajese momentáneamente. Otros, también mirando hacia abajo, pulsaban frenéticamente las teclas de su teléfono, enviando mensajes (¿S.O.S.?) a su lista de contactos.
(Digresión: ¿Será que las compañías de teléfonos celulares hicieron un convenio con los medios de transporte para que demoren más de la cuenta y así lograr que se envíen muchos más mensajes de texto?)
Como sea, lo cierto es que nadie reparaba en quién tenía a su lado, o atrás, o delante...
Formando fila, a una debida distancia y sin dialogar con los demás, cumplían puntillosamente lo que habían aprendido durante la escolaridad primaria.
Por fin, el colectivo arribó, porque alguna vez se produce el caso.
Como corresponde, los caballeros cedieron la entrada a las damas y se ofrecieron gentilmente el ingreso uno a otro, jugando a que el que sube último es el más caballero de todos.
La primera en colocar sus monedas en la máquina expendedora fue una señora de mediana edad, de aspecto desquiciado. Llevaba una cartera color marrón de generosa medida. Allí metió sus manos para seleccionar, una a una, las 20 monedas de 5 centavos para pagar el pasaje.
Como corresponde a cualquier sociedad civilizada, nadie objetó el desairado proceder de la señora. Como si no hubiera tenido tiempo suficiente para preparar el dinero de la paga, la señora escudriñaba en las profundidades de su cartera a fin de sacar hasta la última molesta moneda y poder seguir en paz con su vida.

El conductor tampoco emitió palabra y responsabilizó al último hombre en subir (el-más-caballero-de-todos) por la dificultad para cerrar la puerta.
Cuando la señora hubo ingresado la última moneda, la máquina indicaba que faltaba una.
- ¡Dice que falta una! -dijo con un bramido, indicando que no se haría cargo de un posible error en el conteo-.
- ¡Faltan 5 centavos, señora! -sobreabundó el chofer-.
- ¡Yo las conté una por una! -indicó ella, como si hubiera hecho falta que lo hiciese-.
Sin más, el conductor anuló la operación y, a modo de lluvia de estrellas, las monedas cayeron sobre el receptáculo de la máquina, aportando una leve musicalidad, a la de por sí sórdida situación.
Para cuando hubo obtenido su boleto, muchos de los pasajeros que esperaban para sacar el suyo ya daban muestras de necesitar descender. El-más-caballero-de-todos continuaba siendo el último, a pesar de las muchas personas que fueron subiendo en las siguientes paradas. Gentilmente había cedido el lugar y todos le agradecían y veían en él
el paradigma de la consideración, el prototipo del hombre del mañana y, por qué no, el candidato ideal para las próximas elecciones presidenciales.
Como todo llega en esta vida, hasta el colectivo llegó a la parada donde el-más-caballero-de-todos debía bajar. Y solicitó de manera amable al conductor que le parase.
- ¿Sacaste boleto vos? -preguntó el chofer-.
- ¡¿Cómo quiere que lo saque si viajé colgado todo el viaje?! -argumentó aparentemente irritado el-más...-.
- ¡De vivos estamos llenos! -espetó el conductor y al unísono se produjeron comentarios de desaprobación en voz baja, miradas fulminantes, abucheos y silvidos-.
En un instante las encuestas para el futuro presidente bajaron estrepitosamente y, ante el bochorno, tuvo que deslizarse raudamente, desapareciendo entre el enjambre de autos y cortinas de humo.
- ¡Habráse visto! -fue la más acabada expresión, suscitada en boca de la señora de las 20 monedas de 5 centavos-.
FIN.

Te preguntarás qué tiene de inédito este relato, si acaso todos los días te enfrentas a situaciones semejantes. Muy bien, es cierto. Nada de novedoso.
Pero, permíteme sugerirte algunas cosas. La próxima vez que viajes en colectivo:
- Dialoga con las demás personas de la fila. Pero no para protestar, sino, por ejemplo, para contemplar las hojas de los árboles, maravillarse con el cielo azul o compartir una linda anécdota.
- Si el colectivo no viene, puedes proponerle a 3 personas más compartir un taxi. No te subas solo, finalmente todos viajan hacia el mismo lugar.
- No utilices frenéticamente tu celular. No olvides que todo está arreglado para que hagas justamente eso.
- Paga tu boleto con la menor cantidad de monedas posible. No te olvides que detrás de tí tienes a tus semejantes que han esperado tanto como tú y desean ingresar también.

- Por último: si alguien te cede el lugar para que subas primero, agradécele, pero sabrás que finalmente te estará madrugando.

"El viejo algarrobo"

El viejo algarrobo en la plenitud de su existencia.

lunes, 31 de octubre de 2011

"Voluntades"

"El alimento como deseo irresistible".
Fotografía tomada en Bariloche, Argentina.

"Aquellos tiempos felices"


Paul McCartney se empecina en hacerme recordar los tiempos… ¿felices?
Pobre, ni siquiera puede recorrer esas imágenes con sus compañeros de ruta…
Sólo le queda el híbrido Ringo, quizás el menos lúcido –¿o el menos lucido?- ¡quién sabe! Al menos la batería sonaba… Pero esa pose tan imperturbable…

En cambio, Paul siempre dando la cara, dando la voz, dando el corazón. Sí, ya sé: fue el más careta de todos. El que más incursionó en los negocios, producto de su actividad artística. Bueno, quizás no tenía alternativa: su socio John se exhibía semidesnudo en su cama, junto a su señora… ¡oriental!
¡Qué curioso!: ambos se conocieron al final de la calle Penny Lane, cantando para el coro de la iglesia. ¡Tan diferentes y tan complementarios! ¡Tanta potencia naciendo desde una gruesa brecha!

Pero algo los unió siempre: su sensibilidad. Su comprometida conexión con la humanidad, con la esencia de cada tipo de ser. Siempre apelaron a lo más sublime de cada uno de todos los que los hemos aceptado como parte insustituible de nuestras vidas, sin importar a qué edad, en qué tiempo interno.

John, un soñador empedernido, volando tan lejos como la potencia de sus mejores años le permitió, pero entregando su corazón de carne en cada letra, en cada mensaje. Un provocador de los más nobles sentimientos, un revelador de la riqueza del alma, un agitador de las más puras pasiones humanas: la necesidad de vivir hermanados, en armonía.

Paul, más pragmático, se casó ¡nada menos que con la hija del dueño de Kodak! Pero junto a ella dedicaron todo su mensaje en pro de una alimentación natural, sin consumo de carne, uno de los grandes motivos de la voracidad irracional. En ese tiempo compusieron e interpretaron juntos hermosas canciones con el grupo Wings, entre ellas, una junto a Michael Jackson (antes de que se tiñera de blanco) llamada “Ebano y Marfil”, aludiendo a la necesaria convivencia pacífica entre todas las razas…

¿Y George? Buscó la profundidad de su alma a través del conocimiento oriental y eso gravitó ineludiblemente en toda su producción posterior, dentro del grupo y, después, como solista. ¿Quién no se acuerda de “My sweet Lord”. Esa canción que incluye el mantra “Hare Krishna” que tanta fuerza me daba cuando lo entonaba mientras andaba en bicicleta en aquellos años de pretendida inclusión en el movimiento de Krishna…
¡Ahh, ese lugar! El Templo de los Hare Krishna… ¡Cómo me impactó ese lugar! Esas imágenes a las que hoy no dudaría en calificar de idólatras… (¡ay de mí! cómo endurecí mis músculos internos, a la vez que se me aflojaron los externos…). 
¿Y la comida vegetariana que me sirvieron? ¡Ahh, exquisita! 
¡Cómo me emocionaba leer la revista “Atma Tatva”! Me la devoraba…

Pero, volviendo a George, seguramente estará ocupando un lugar destacado en el cielo, porque fue fidedigno con su corazón y siguió el camino que todo su ser le indicó, y así nos lo transmitió.

Pero Ringo…
¡Ay, Ringo…! ¿Qué hiciste vos, aparte de sacudir tu melena sesentina al ritmo de tus golpes sobre el resignado parche? Siempre prolijito, inmutable… 
¿Qué habrá circulado por tus entrañas mientras aquellos tres, montados a los metálicos micrófonos, quebraban en mil pedazos sus gargantas y provocaban la histeria de miles de hermosas chicas?
¿Acaso tu virtud fue captar la irresistible pasión de esas miles de rubias inglesitas delirando?
¿Es que tu secreto fue guardarte toda esa energía para disfrutarla solo, en tu cuarto, como cuando uno recibe un regalo y lo abre a solas, lentamente, disfrutando cada crujido del envoltorio de papel…? 
¿Habrás sido tan canalla? 
¿Habrás sido el más astuto de todos? 
No quiero creerlo. Prefiero recorrer el entendimiento de que no te atreviste. Nunca te atreviste a sacar tu verdadero sentimiento y a exponerlo ante aquella masa expectante.

… Y a esta altura, Paul ya lleva cantando varios temas. Todos recorrieron mi largo cuerpo tantas veces, que me conocen más que yo a mí mismo. 
¡Y, al mismo tiempo, nunca me detuve a traducir las letras! 
¿Puede, acaso, sólo la música hablar tanto, que se pueda prescindir de la letra?
¿Será que, ante la barrera del idioma, logramos escribir las letras de las canciones, sin utilizar ni una palabra?

¡Qué lindos esos tiempos de Paul, John, George y… Ringo!
Me reconozco joven toda vez que los escucho. Me identifico con el mensaje de la paz, de la inocencia, de las utopías, de la pureza, de los abrazos cálidos, de los reencuentros.

Sabrás disculparme. Creo que ha llegado la hora de zambullirme nuevamente entre los surcos de aquellos tiempos felices…

"La línea asfáltica"


El surco se proyecta sin destino visible.

El trajinar es intenso, como el calor abrazador
del mediodía veraniego.
La velocidad inventa al viento y éste se re-inventa en una aparente existencia de oxígeno... y de movimiento.
Es posible aventurar el paso del próximo bólido a través del profundo aullido de sus ruedas, en la lejanía, como una exclamación de resistencia por la inercia olvidada ya, en alguna otra porción de asfalto.
Cada nuevo milímetro abordado es una exigua parte de vida que se despide, energía que se dibuja en línea recta y que se borra bajo el trazo de un nuevo transcurrir, de un nuevo atravesar.
Las sombras proyectadas sobre el ardiente pavimento son el ansiado oasis que descomprime fugazmente el asedio de la llama solar.
Las sombras...
... testigos fieles del cuerpo, de la velocidad, del viento, de la porción de vida que se fue, del calor, de la luz.
Las sombras... testigos y parte de todo.
Hasta que dos sombras deciden aproximarse. Y chocan entre sí...